SALA CABO MENOR

Artistas en torno al faro

En la Sala Cabo Menor, contigua a la Sala Cabo Mayor, se expone una selección del fondo artístico integrado por un centenar de piezas producidas, fundamentalmente, por artistas españoles a los que Eduardo Sanz ha ido adquiriendo a lo largo de los años obras inspiradas en la temática del faro. Parte de ellas son compradas y otras producto de intercambios, ya que la mayoría de estos artistas son amigos y compañeros de Sanz.

En consecuencia, la sala alberga una selecta representación de las vanguardias artísticas españolas de la segunda mitad del siglo XX, en todos los soportes y técnicas, desde la escultura y la pintura, al dibujo, la fotografía y la gráfica. Entre ellos cabe destacar a su esposa, la pintora Isabel Villar, y a su hijo Sergio Sanz Villar, que hacen también del faro testigo de las “tiernas mitologías” de Isabel y de los paisajes melancólicos de Sergio.

También los demás, como homenaje a su anfitrión, concurren en torno a la temática del faro desde las más variadas perspectivas. Unos se detienen en su –en ocasiones cubista- geometría (Eduardo Arroyo, Joaquín Peinado, el escultor Daniel Gutiérrez, Collantes, Antonio Rojas, Tom Car, Regina Giménez, Carlo Fayer, Rosa Torres, Sampol, Eduardo Gruber, Gerardo Aparicio) o en su imponente arquitectura (Dis Berlin, Carmen Pagés, Eduardo Úrculo). Otros, asocian el faro con el paisaje extremo que lo circunda. Son, a veces, paisajes mágicos (Pérez Villalta, Ángel M. Charris, Claudine Cloweiller, Juan Romero, Manuel Alcorlo); otras, paisajes delicados (Xavier Valls, García Alix, José Caballero, Carmen Bustamante, Pérez Esteban, Emilio González Saiz), desolados (María Girona), amenazadores (Pennetier, Pablo González, Juan I. Macua, Luis Cruz Hernández, Luis F. Aguirre, André Cottavoz) o sencillamente imponentes, con los faros encaramados sobre las peñas (Ferreño, Joaquín Capa, Miguel Echauri, Arturo Revuelta, Doreste). Hay también paisajes fotográficos (Miguel Bolado, Ángel de la Hoz, Ciuco Gutiérrez) y paisajes gráficos, desde el humor amigable del Santander resumido por Alfredo al simbolismo negro recordado por El Roto, pasando por Mariscal y Máximo.

En otras ocasiones son bodegones con faro (Alfredo Alcaín, Francisco Echauz, Luis Saez, Ricardo Toja) o faros literarios (José Ramón Sánchez). Otros faros, sencillamente, se limitan a poner luz y orientación en la noche (Ángel Pascual) y los hay que son, en definitiva, el extremo invisible de la ruta hacia otras realidades (Pablo Quert, Rafael L. Setién). Y no faltan los homenajes a Eduardo Sanz, convertido en San Virila en la fotografía pintada por Juan A. González de la Calle. La obra de Sanz es a veces citada explícitamente, como en las aportaciones del escritor Marcos R. Barnatán –autor de varios textos sobre la obra de Sanz- o de la pintora Sara Huete que introducen en sus montajes las pequeñas piezas plásticas con el faro y el balandro con las que Sanz ha jugado en sus obras. Finalmente el faro centra las miradas de todos estos artistas y adquiere una magnitud metafórica erigiéndose, como titula Sara Huete, en lo que sirve de guía a la inteligencia o a la conducta.