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El Puerto tiene su historia

Escenario de la Actividad Portuaria

El Puerto de Santander tiene más de dos mil años de historia. Podríamos relacionarle con un ser vivo y no nos equivocaríamos en nada. Y es que sus características (la evolución, el crecimiento, la reproducción y la adaptabilidad) se parecen bastante a las de los seres vivos, porque, al igual que éstos, ha ido evolucionando, trantando de adaptarse a lo largo del tiempo las necesidades y demandas de su entorno social.

Desde las primeras referencias históricas de las que se tiene noticia, hasta la actualidad, transcurre un período de veinte siglos en los que podemos destacar tres momentos :

  • El "Portus Vitoriae", el Puerto Romano

    Tras la definitiva conquista de Cantabria por Roma, a finales del siglo I antes de Cristo, y hasta el siglo tercero de nuestra Era, la Bahía de Santander fue ocupada y utilizada por los romanos, fundando en ella un puerto al que denominaron "Portus Victoriae" o Puerto de la Victoria. Con independencia de la existencia de otros lugares de embarque en el interior de la Bahía, las investigaciones arqueológicas realizadas, han permitido localizar dicho puerto junto a la desaparecida ría de Becedo, situada en lo que hoy sería la zona comprendida entre la Plaza del Ayuntamiento y la calle de Calvo Sotelo, y su acrópolis* en la colina de Somorrostro, sobre la que actualmente se emplaza la Catedral.

    Este pequeño enclave portuario, embrión de lo que hoy en día es Santander, dependía de la ciudad interior de Julióbriga, situada en las inmediaciones de la actual Reinosa, y estaba conectado con ésta y la Meseta castellana a través de una calzada que discurría paralela al río Besaya. Durante este período, el Puerto de la Victoria llegó a configurarse en un activo centro exportador de los minerales procedentes de los yacimientos de Cabárceno, Obregón y Navajeda, y un núcleo de cierta consideración en la navegación y el comercio que se efectuaba en aquella época entre los puertos la costa cantábrica.

  • "Portus Sancti Emeterii" El Puerto Medieval

    En la Edad Media, sobre las ruinas del antiguo asentamiento romano de Somorrostro, se construyó la iglesia de San Emeterio. En torno a este centro monástico fue configurándose una pequeña villa marinera. En el año 1187 el rey Alfonso VIII la otorga una serie de privilegios que potencian su carácter marítimo, que la permitirán constituirse en una de las salidas más importantes de Castilla al mar: puerto pesquero con operatividad en todo el Cantábrico y en las costas francesas e irlandesas; plaza comercial en la que se concentraban las flotas encargadas de la exportación de las lanas castellanas hacia el norte de Europa; base naval en la que se organizaban las armadas reales; y astillero para la construcción y mantenimiento de las flotas de buques.

    El auge de estas actividades impulsó el crecimiento demográfico, económico y espacial de la villa y el puerto. El núcleo urbano, que se había venido desarrollado al amparo de la Iglesia Colegial y del Castillo de San Felipe, y que apenas contaba con media docena de calles a finales del siglo XII, se expandió al otro lado de la ría de Becedo. De este modo, la villa quedó configurada por dos zonas: la más antigua, denominada Puebla Vieja, encaramada sobre el cerro de Somorrostro, y la Puebla Nueva, erigida en la zona llana situada en la otra margen del puerto. Para proteger a los habitantes de ambas pueblas se construyó una muralla.

    Pero el crecimiento de población propició la construcción de nuevas edificaciones fuera del recinto fortificado denominadas arrabales, siendo levantadas junto a sus puertas principales: el de "Fuera de la Puerta", situado en junto a la Puebla Vieja, en lo que hoy sería el trazado de la calle Alta, y el de "la Mar", emplazado sobre una playa, en la zona que hoy conocemos como calle de la Arrabal.

    Durante toda la Edad Media, el puerto se mantuvo en la ría de Becedo, con su entrada defendida por dos torres. Sobre esta dársena natural se fueron realizando algunos rellenos e importantes obras tales como los muelles de madera de sus riberas, el puente que unía las dos pueblas, o las Reales Atarazanas, un gran edificio destinado a arsenal para los barcos de guerra, que redujeron considerablemente su tamaño. Con objeto de aumentar la capacidad del puerto, en la segunda mitad del siglo XV se inicia la construcción de una dársena fuera de las murallas, ejecutándose el denominado "Muelle de las Naos" a los pies del Castillo. El puerto exterior quedará concluído ya en el Renacimiento, cuando a mediados del siglo XVI comiencen las obras del llamado "Muelle Largo", que cerraba la dársena por el este. A partir de este momento, y hasta mediados del siglo XVIII, la configuración de la villa y del puerto apenas sufrirá variaciones.

  • Santander, Metrópoli Colonial
Vista aérea del Faro de Cabo Mayor
Vista aérea del Faro de Cabo Mayor

El nivel que alcanzan las aguas de la Bahía durante las horas de pleamar*, puede hacernos pensar que su fondo es homogéneo, como el de un vaso de agua. Ahora bien, durante las bajamares* podemos comprobar como quedan al descubierto amplias zonas de arenales y marismas*, especialmente en los márgenes y desembocaduras de las rías y en el la zona central y costa oeste del estuario. En efecto, la Bahía tiene profundidades o calados* muy distintos de unos lugares a otros, que pueden llegar a alcanzar alturas de hasta 15 metros. A la información sobre la topografía* del fondo del mar se la denomina batimetría.

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Vista aérea del Faro de Mouro
Vista aérea del Faro de Mouro

Las excepcionales condiciones naturales de la Bahía, han favorecido que sobre sus márgenes se hayan ido asentando y desarrollando un considerable número de núcleos de población. Tal es así que, actualmente el 45 % de los habitantes de Cantabria viven en los siete municipios situados sobre sus riberas, siendo las localidades de Santander, Maliaño y Astillero las que reúnen mayor cantidad de personas.

Para satisfacer sus necesidades, sus pobladores han ido utilizando los recursos de la Bahía y sus inmediaciones, de modo que, hoy en día, en torno a sus orillas conviven importantes usos agropecuarios*, urbanos, industriales, comerciales, de ocio, etc., que hacen de ella el principal centro económico y social de Cantabria.

Entre las actividades más importantes y de mayor tradición presentes en la Bahía de Santander, se encuentran las de transporte, entendiendo por tales aquellas destinadas a facilitar el desplazamiento de personas y cosas entre distintos ámbitos geográficos. En nuestra Bahía tenemos la fortuna de tener representados los tres medios de transporte que han hecho posible el traslado de bienes e individuos a lo largo de la historia: el terrestre, el marítimo y el aéreo.

Para facilitar la movilización de las personas y las mercancías, es necesario acondicionar la corteza terrestre, y a estos acondicionamientos se les denomina infraestructuras de transporte. En el caso del transporte terrestre, estas infraestructuras podemos identificarlas con las carreteras, las autopistas, los centros de carga, las vías férreas o las estaciones de ferrocarril; en el del transporte aéreo con los aeropuertos, y el transporte marítimo con los puertos. En la Bahía de Santander este conjunto de medios de transporte y sus infraestructuras se encuentran conectados entre sí, formando un importante "nudo de comunicaciones".

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Vista aérea del Faro de la Cerda
Vista aérea del Faro de la Cerda

La amplitud de la Bahía de Santander, sus calados, su disposición resguardada de los vientos dominantes del norte, y su entrada, protegida de los temporales por la peninsula de la Magdalena, hacen de este estuario el mejor puerto natural de toda la Cornisa Cantábrica.

Como habrás podido comprobar, las principales instalaciones portuarias de Santander están situadas en las riberas norte y oeste de la Bahía, bordeando la Canal. Actualmente, el Puerto de Santander ocupa una superficie próxima a tres millones de metros cuadrados. ¿Puedes imaginarte una superficie tan grande? Para que te hagas una idea de su dimensión, el tamaño del Puerto es equivalente al de 277 campos de fútbol juntos.

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Vista aérea de la península de la Magdalena
Vista aérea de la península de la Magdalena

Originariamente, la Bahía de Santander contaba con una superficie de 44.467.000 m2, actualmente su extensión se ha reducido a la mitad. La mayor parte del espacio perdido es consecuencia de las labores de desecación, relleno y cerramiento efectuadas por el hombre desde finales del siglo XIX, cuando se expansionan las actividades mineras, industriales y urbanas que se asientan en la Bahía y su entorno.

Hoy, cerca de la mitad de los espacios ganados a la Bahía (41%) están dedicados a usos agropecuarios, en lo que originariamente fueron rellenos provocados por los vertidos procedentes del lavado de mineral y escombreras. El resto del espacio ocupado es utilizado por actividades urbanas, industriales, infraestructuras de transporte, etc. El conjunto del territorio en el que se desenvuelve la actividad portuaria, está asentado sobre superficies ganadas al mar, y supone, sobre la totalidad del extensión que ha sido ganada a la Bahía, una ocupación del 13,5 %.

Para que puedas hacerte una idea de las proporciones de estas cifras, y efectues comparaciones, observa estas tres figuras. La más grande representaría la superfice original de la Bahía. La segunda la superficie que el hombre ha ocupado hasta la fecha, y la tercera el espacio que actualmente utiliza el Puerto.

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